A la Muerte

Mi mente está nublada, ¿ Donde estás ?

te veo, miro y deseo...! Te siento Soledad !

silencio en los confines de mi alma,

el miedo está aliado con la calma...

-¿ Me escuchas soledad ?-

 

Pupilas fatigadas, mirada destemplada,

¡ No siento ni percibo los colores del alba !

oscuro es mi destino, ahogado entre tinieblas

oscuro y cenagoso, ¡ mis pies palpando tierra !

-¿ Es este el fin del alma ?

 

Reconocen mi agonía...

tenerlos tan cerca y esperando mi eclipse

oírles murmurar..¡ No puedo !

 

Anochece en mis pupilas,

mi sangre roja se yergue....

el frío, que invadió mi cuerpo,

templa mi sangre caliente.

 

Cuerpo y ánima confundo,

¡ No tengo cuerpo, no tengo !

aura y sed de pensamiento

se liberaron del yelmo.

 

 

 

Ánima de amor

Descubierto por el alba,

anidando en mí el silencio,

la soledad me delata

y es mi compañero el miedo.

 

Aullando de dolor mi alma

deslumbrada por su ausencia,

y en el cielo, las gaviotas,

descubriendo mi presencia.

 

Sudor y fuego en mi faz

cansada y triste...añoranzas,

y, en mi mente, su final...

despedida sin palabras.

 

Heme aquí desconcertado.

esculpiendo una razón,

evocando mil recuerdos

de felicidad y amor,

gratos y buenos momentos

invertidos en dolor.

 

Huellas marchitas, pausadas,

alumbrando mis creencias,

pisadas tristes, ahogadas,

entre lágrimas y arena.

 

Temor y recelo a un tiempo,

y a lo lejos, en poniente,

un balandro navegaba

rumbo a mi descubrimiento.

 

En su suelo destacaba

un resplandor, extinguiendo,

su cándida y tibia llama,

tornándose forma, haciendo,

de su corazón, su alma.

 

-¡ Eres tú, o es esto un sueño ?-

¡ Es el alma de mi amada !

labios abiertos, tejiendo,

un hilo de amor...al alba.

Al Alba

Desde mi rincón, contemplo el alba...

el mar alado con rizos de poniente

que en rocas adormecen...

recuerdos de un amor, que antes estaba,

y que hoy, en mis sueños, se sumerge.

 

Desde éste, mi rincón, miro tu calma

y escucho atento tu llamada,

susurro que gaviotas acompañan,

con chiflidos rotos en palabras.

 

Mujer de viento, mujer de agua,

con cabello despierto en la mañana.

 

Eres algo y no eres nada,

tu silencio entiendo bien...

si lo deseo, te contemplo,

-¿ Que no existes ?...¡ ya lo sé !

 

Sumergida en la mañana,

silueta en el ocaso

irrumpida por el alba..

y mi cuerpo abandonado

refugiándose en la nada.

 

Cada día al amanecer

interrogo a la mañana,

preguntándole al ayer

sueños que tanto soñaba,

que hoy intento comprender

amparándome en el alba.

 

En tu llanto pensaré

sumergiéndome en la nada,

para poder entender,

en silencio, tus palabras

escritas en un papel...

tu silencio te delata,

estás muerta..¡ Ya lo sé !

pero vive en mí tu alma,

que me arrastra al despertar

y me empuja al vació

sin excusas, ni palabras...

 

Más allá

Cierta noche veraniega,

( como de costumbre abierta mi ventana )

no recuerdo bien la hora,

aunque pasaba ya de la madrugada;

 

Creí escuchar, no soñaba,

una música celestial anunciando el alba,

murmullo tenue de voces apagadas

con fondo sobrenatural, no eran humanas.

 

Amagué mi vista en un rincón,

y en la tibia claridad que lo embargaba,

creí vislumbrar un rostro, una cara,

pálidas mejillas, y en sus ojos,

la verdad más absoluta destacaba.

 

Fijé mi vista en sus pupilas dilatadas,

y descubrí, con celo, un mundo sobrehumano....

el cosmos que se abría a cada paso,

y mi cuerpo, por su senda, levitando.

 

Un camino no anunciado, y al final,

el destino más amargo del mortal.

 

Una puerta que, entreabierta,

su claridad me ofrecía,

penetrando en su ancestral anfiteatro,

mi cuerpo confundía

con las ánimas de otros

que creí ya conocía.....

 

No recuerdo mucho más,

y en mi plano más oculto...

llamado Adimensional,

pude averiguar que aquello,

que un sueño parecía,

fue mi paso al Más Allá.

 

 

 

Despedida

 

Presente e inmaculada,

esbelta y misteriosa,

perfecta descendencia

del alma más hermosa.

 

Aférrate a mi alma

y esculpe su candor,

descúbreme la llama

que invade tu interior,

y acércala a mi pecho,

enciende mi pasión.

 

Retén en tus pupilas

mi última visión,

y arrópala en el verso

que asila nuestro amor.

 

Cobija en tus mejillas

el ósculo de adiós,

que, en pronta despedida,

anuncia mi ascensión.

 

No empañes tus pupilas

del néctar de la flor,

que, ajada, se marchita

por mal del corazón,

y sueña, vida mía,

mil noches de pasión,

tú, llama de amor viva,

y yo, tu llama de amor.

 

Cuando añores mi presencia

y no me puedas sentir,

interroga a las estrellas,

ellas hablarán por mí !

 

Te dirán que me fui lejos,

pero que, allá donde esté,

tu amor conmigo conllevo

de pasaje hacia el edén.

 

Cuando escuches a la gente

hablar d mi desenlace,

piensa entonces que, la muerte,

es como lluvia salvaje,

que de los campos celestes

campos estériles hace.

 

Cuando la aurora florezca

con brisa, hasta tu ventana,

una hoja, en primavera,

haré llegarte en el alba,

como talismán de ofrenda

de mi amor, que te acompaña,

noche y día, ocaso y alba...

como dádiva de aliento

que tus lamentos acalla.

La Niña

 

Cuentan que andaba la niña

paseando, y en el alba,

murmurando, meditaba

sus lamentos por la viña.

 

Los viñedos, de escucharla,

sintiéronse sus lamentos

que en la tierra, descansaban,

los tallos que florecieron.

 

Dicen que triste cantaba

y, con los ojos llorosos,

aquella triste balada;

al compás, los serafines,

danzaban y, al escucharla,

los grillos con sus violines

cortésmente acompañaban.

 

Y hasta el señor Ruiseñor

tatarearla intentaba,

aquella triste canción

nada bueno presagiaba.

 

Marchitose el corazón

y aquella dulce mirada,

aquella bonita voz,

poco a poco, descansaba.

 

Los claveles, de escucharla,

marchitáronse en tormento,

y las rosas, agitadas,

su camino descubrieron.

 

La hierba, humedecida,

le serviría de aposento,

calladas, las margaritas,

apaciguaron su sueño.

 

Y ocurriose que la aurora

terminó con la velada,

perdióse aquel triste canto

al irrumpir la mañana.

 

Pajarillos, y en su canto,

restos de aquella balada,

y el rocío, con su manto,

a la niña cubrió al alba.

 

Un sueño dulce y cansado,

y un labriego que pasaba,

al ver la niña dormida,

intentaría despertarla.

 

Por más que aquel lo intentó,

la niña no despertaba

y el pajarillo cantor....

por primera vez callaba.

 

 

La Bahía

Respóndeme tú...bahía,

respóndeme, pero dime,

que mi hijo no murió;

que salió con su velero,

porque al arco iris vio,

y que, en su afán de alcanzarlo,

navegando y navegando,

mar adentro se metió.

 

Respóndeme tú, bahía,

respóndeme, pero dime,

que mi hijo no murió,

que todo ha sido un mal sueño,

ensueño de gran dolor,

y dile a la muerte, dile,

que esta vez se equivocó,

t que un día, no lejano,

volverá con su velero,

su velero de color.

 

Respóndeme tú, bahía

respóndeme, pero dime,

que mi hijo...no murió.

 

 

 

 

Catalepsia

Luz en la oscuridad, vela en mano,

vuelve inepta a pasar, y colgado,

un apero al hombro, afilado.

 

Siento que, el cuerpo, ya no puedo

levantarlo de este lecho...

siento frío,

el calor de mi cuerpo extinguiendo,

y me esfumo,

dejándolo allí quieto...

y a los pies de mi cama me contemplo.

 

Lamentos en la fría habitación,

mis padres lloran mi muerte,

me asombra esta situación,

sus semblantes no me advierten.

 

No me oyen..¡ Qué les pasa ?

todos lloran en silencio,

y en la sala...

sacerdote con cantos ancestrales,

en mi cama...

un objeto, con humo insoportable,

y yo quieto, gritar de nada vale.

 

Sin preguntas, sin palabras,

para ellos estoy muerto

y por ellos quedo en cama,

inspirando sin razón,

sin saber cual fue la causa,

quizás fue mi corazón

que me deja ,sin pensar,

en los años que ahora restan

de descanso en soledad.