El pentagrama (estrella de cinco puntas) fue un importante símbolo
religioso usado por los
pitagóricos, que lo denominaban
"salud".
Cosmología pitagórica
El pensamiento pitagórico
estaba dominado por las
matemáticas, a la vez que era
profundamente místico. En el
área de la cosmología no hay
acuerdo sobre si el mismo
Pitágoras impartía enseñanzas,
pero muchos eruditos creen que
la idea pitagórica de la
transmigración del alma es
demasiado importante para haber
sido añadida por un seguidor
posterior a Pitágoras. Por otra
parte, es imposible determinar
el origen de la doctrina
pitagórica de la sustancia.
Parece que la doctrina de
Anaximandro sobre la última
sustancia de las cosas como "lo
ilimitado". Un pupilo de
Anaximandro, Anaxímenes,
contemporáneo de Pitágoras, dio
una explicación de cómo lo
"ilimitado" según Anaximandro
tomó forma, por condensación y
refracción. Por otra parte, la
doctrina pitagórica dice que
mediante la noción de "límite"
lo "ilimitado" toma forma.
El principio de todas las
cosas es la mónada o unidad; de
esta mónada nace la dualidad
indefinida que sirve de sustrato
material a la mónada, que es su
causa; de la mónada y la
dualidad indefinida surgen los
números; de los números, puntos;
de los puntos, líneas; de las
líneas, figuras planas; de las
figuras planas, cuerpos sólidos;
de los cuerpos sólidos, cuerpos
sensibles, cuyos componentes son
cuatro: fuego, agua, tierra y
aire; estos cuatro elementos se
intercambian y se transforman
totalmente el uno en el otro,
combinándose para producir un
universo animado, inteligente,
esférico, con la tierra como su
centro, y la tierra misma
también es esférica y está
habitada en su interior. También
hay antípodas, y nuestro ‘abajo'
es su ‘arriba'.
Esta cosmología inspiró al
gnóstico árabe Monoimus, que
combinó este sistema con el
monismo y otros aspectos de su
propia cosmología.
Desarrollo histórico
Después de los milesios, el
primer núcleo filosófico
importante son los pitagóricos.
Tras las luchas políticas de
mediados del siglo V a. C., la
escuela pitagórica fundada en
Crotona (Italia) es destruida y
la emigración de los pitagóricos
y de sus doctrinas se realiza
hacia la metrópoli, donde hacia
esa época comenzaron a
difundirse. A fines del siglo VI
a. C. la filosofía se traslada
de las costas de Jonia a las de
la Magna Grecia, al sur de
Italia y a Sicilia, y se
constituye lo que Aristóteles
llamó la escuela itálica.
Misticismo y Ciencia
Pocos rasgos hay, que
distingan aquí el pitagorismo de
una simple religión mistérica
pero los pitagóricos figuraban,
en el siglo V, entre los
principales investigadores
científicos. Pitágoras se
interesó tanto por la ciencia
como por el destino del alma. La
religión y la ciencia no eran
para él dos compartimentos
separados sin contacto alguno,
sino más bien constituían los
dos factores indisociables de un
único estilo de vida. Las
nociones fundamentales que
mantuvieron unidas las dos ramas
que más tarde se separaron,
parecen haber sido las de
contemplación, el descubrimiento
de un orden en la disposición
del universo, y purificación.
Mediante la contemplación del
principio de orden manifestado
en el universo, especialmente en
los movimientos regulares de los
cuerpos celestes, y asemejándose
asimismo a ese orden, se fue
purificando progresivamente el
hombre hasta terminar por
liberarse del ciclo del
nacimiento y adquirir la
inmortalidad.
Biografía de Pitágoras
Pitágoras nace en el 570 a.
C. proveniente del Asia menor
(Isla de Samos). Luego más tarde
se traslada a Crotona al ser
desterrado por Polícrates de
Samos. Se le atribuyen varios
viajes a oriente, entre otros a
Persia, donde hubo de conocer al
mago Zaratás, es decir, a
Zoroastro o Zaratustra. De los
egipcios heredó la Geometría y
el arte de adivinación; de los
fenicios aprendió la aritmética
y el cálculo; y de los caldeos
la investigación de los astros.
Además obtuvo una formación y
disciplina de los sacerdotes
egipcios. Dentro de la comunidad
que él fundó (pitagóricos),
todas la investigaciones
realizadas allí eran atribuidas
a Pitágoras.
Del Pitagorismo al
Neopitagorismo
Los pitagóricos se
establecieron en una serie de
ciudades de la Italia
continental y de Sicilia, y
luego pasaron también a la
Grecia propia. Formaron una liga
o secta, y se sometían a una
gran cantidad de extrañas normas
y prohibiciones; no comían carne
ni habas, ni podían usar vestido
de lana, ni recoger lo que se
había caído, ni atizar el fuego
con un hierro, etc. Resulta
difícil comprender el sentido de
estas normas, si es que tenían
alguno. Algunos comentaristas
tardíos como San Hipólito del
siglo III se refieren a esta
secta con adeptos que se
distinguían entre novicios e
iniciados. Los primeros solo
podían escuchar y callar
(exotéricos y acústicos)
mientras que los segundos
(esotéricos o matemáticos)
podían hablar y expresar lo que
pensaban acerca de las
cuestiones científicas de las
que se ocupaba la escuela.
La liga pitagórica tenía una
tendencia contraria a la
aristocracia; pero acabó por
formar una e intervenir en
política. Como consecuencia de
esto, se produjo una violenta
reacción democrática en Crotona,
y los pitagóricos fueron
perseguidos, muchos de ellos
muertos, y su casa incendiada.
El fundador logró salvarse, y
murió, según se dice, poco
después. Más tarde alcanzaron
los pitagóricos un nuevo
florecimiento, llamado el
neopitagorismo, llevado a cabo
por nuevas mentes que se basaban
en conocimientos pitagóricos
para aplicaciones modernas
Doctrina
Pero más que esto interesa el sentido de la liga pitagórica como tal. Constituía propiamente una escuela (en griego escuela significa ocio). Esta escuela está definida por un modo de vivir de sus miembros, gentes emigradas, expatriadas; forasteros, en suma. Según el ejemplo de los juegos olímpicos, hablaban los pitagóricos de tres modos de vida: el de los que van a comprar y vender, el de los que corren en el estadio y el de los espectadores que se limitan a ver. Así viven los pitagóricos, forasteros curiosos de la Magna Grecia, como espectadores. Es lo que se llama el bios teoretiós, la vida teorética o contemplativa. La dificultad para esta vida es el cuerpo, con sus necesidades, que sujetan al hombre. Es menester liberarse de esas necesidades.
El cuerpo es una tumba (soma sema), dicen los pitagóricos. Hay que superarlo, pero sin perderlo. Para esto es necesario un estado previo del alma, que es el entusiasmo, es decir, endiosamiento. Aquí aparece la conexión con los órficos y sus ritos, fundados en la manía (locura) y en la orgía.
La escuela pitagórica utiliza
estos ritos y los transforma.
Así se llega a una vida
suficiente, teorética, no ligada
a las necesidades del cuerpo, un
modo de vivir divino. El hombre
que llega a esto es el sabio, el
sophós (parece que la palabra
filosofía o amor a la sabiduría,
más modesta que sofía, surgió
por primera vez de los círculos
pitagóricos). El perfecto sophós
es al mismo tiempo el perfecto
ciudadano; por esto el
pitagorismo crea una
aristocracia y acaba por
intervenir en política. Los
pitagóricos seguían una dieta
vegetariana a la que llamaban
por aquel entonces dieta
pitagórica.
Números y figuras
geométricas
Pentagrama: los pitagóricos
usaron este símbolo como un
signo secreto para reconocerse
unos a otros. Representa el
número cinco, la vida, el poder
y la invulnerabilidad.Una visión
en conjunto de las
contribuciones matemáticas que
se atribuyen a los pitagóricos
produce un marcado contraste,
siendo las contribuciones más
importantes del grupo del tipo
geométricas mientras que las
contribuciones aritméticas son
pobres y escasas. Este hecho
resulta un tanto paradójico si
se tiene en cuenta la concepción
pitagórica de la omnipotencia
del número, esencia de todas las
cosas.
Esta aparente contradicción
se explica como consecuencia del
desciframiento de las tablillas
cuneiformes de este siglo. Según
Neugebauer, "lo que se llama
pitagórico en la tradición
griega debería probablemente ser
llamado babilonio", pues los
pitagóricos habrían aprehendido
sus conocimientos matemáticos en
la aritmética y en el álgebra de
los babilonios. Más tarde,
imprimieron estos conocimientos
en su propio estilo con un
carácter específicamente griego,
anteponiendo al carácter
operativo e instrumental de los
babilonios el rigor lógico y la
demostración matemática.
Los pitagóricos hacen el
descubrimiento de un tipo de
entes, los números y las figuras
geométricas que no son
corporales, pero que tienen
realidad y presentan resistencia
al pensamiento; esto hace pensar
que no puede identificarse sin
más el ser con el ser corporal,
lo cual obliga a una decisiva
ampliación de la noción del
ente. Pero los pitagóricos,
arrastrados por su propio
descubrimiento, hacen una nueva
identificación, esta vez de
signo inverso: el ser va a
coincidir para ellos con el ser
de los objetos matemáticos. Los
números y las figuras son la
esencia de las cosas; los entes
son por imitación de los objetos
de la matemática; en algunos
textos afirman que los números
son las cosas mismas. La
matemática pitagórica no es una
técnica operatoria, sino antes
que ello el descubrimiento y
construcción de nuevos entes,
que son inmutables y eternos, a
diferencia de las cosas
variables y perecederas. De ahí
el misterio de que se rodeaban
los hallazgos de la escuela, por
ejemplo el descubrimiento de los
poliedros regulares. Una
tradición refiere que Hipaso de
Metaponto fue ahogado durante
una travesía o bien naufragó,
castigado por los dioses por
haber revelado el secreto de la
construcción del dodecaedro.
Por otra parte, la aritmética
y la geometría está en estrecha
relación: El 1 es el punto, el 2
la línea, el 3 la superficie, el
4 el sólido; el número 10, suma
de los cuatro primeros, es la
famosa tetraktys, el número
capital. Se habla
geométricamente de números
cuadrados y oblongos, planos,
cúbicos, etc. Hay números
místicos, dotados de propiedades
especiales. Los pitagóricos
establecen una serie de
oposiciones, con las que las
cualidades guardan una extraña
relación: lo ilimitado y lo
limitado, lo par y lo impar, lo
múltiple y lo uno, etc. El
simbolismo de estas ideas
resulta problemático y de
difícil comprensión.
La escuela pitagórica creó
también una teoría matemática de
la música. La relación entre las
longitudes de las cuerdas y las
notas correspondientes fueron
aprovechadas para un estudio
cuantitativo de lo musical; como
las distancias de los planetas
corresponden aproximadamente a
los intervalos musicales, sé
pensó que cada astro da una
nota, y todas juntas componen la
llamada armonía de las esferas o
música celestial, que no oímos
por ser constante y sin
variaciones.
Este hallazgo de los pitagóricos
tiene una gran incidencia
negativa en la escuela, ya que
cuestionaba los cimientos de su
racionalismo numérico en el cual
tenían afianzado su
convencimiento de la gran
coherencia interior y la solidez
de su doctrina, pues encontraron
que la relación entre el lado y
la diagonal de un cuadrado no se
podía someter a la perfección
que era el Número, lo cual causó
grandes desequilibrios entre los
pitagóricos.