Desde la antigüedad los jardines chinos trataron de reproducir la
esencia misma de la naturaleza, empleando formas y
materiales que influyeran en los cinco sentidos, siempre
acompañadas de algún elemento con agua.
En el jardín feng-shui, el chi fluye libre y con armonía. Si bien las reglas de diseño de los jardines feng-shui no difieren de las de cualquier jardín de otra cultura, lo que los distingue es su significado intrínseco que surge de un plan inicial previo : el lugar, además de ser bello debe conectar al hombre con la naturaleza. La planificación reúne elementos naturales y analiza sus cualidades, formas, texturas, colores, aromas y brillos, para ubicarlos en los lugares adecuados del terreno según su orientación.

Se buscan elementos de composición tales como rocas,
plantas, esculturas, paredes, macetas, elementos con agua
y adornos. Se analiza el entorno y se trata de incorporar
parte del mismo aún cuando existan límites, por ejemplo
mediante una abertura en una pared que permita observar
algo bonito del lado de afuera de la casa. El jardín, aún
en un espacio pequeño, debe ofrecer aislamiento, serenidad
y provocar una sensación de que nada falta y nada sobra y
debe ser armonioso y atractivo para sus propietarios.
Según el feng-shui conviene diseñar las zonas duras a
mediana distancia respecto de la casa; si están muy lejos
uno se cansa de ir y venir cada vez que se necesita algo;
si están muy cerca, los ruidos de la casa pueden
interrumpir el descanso. A su vez, en estos espacios dónde
los pisos suelen ser de losas, piedras o baldosas, es
conveniente espaciarlas un poco para permitir el
crecimiento de plantas, dentro de huecos en el suelo y en
canteros alrededor de los bordes.
El feng-shui se opone al exceso de detalles y a la
ostentación. Unas cuántas macetas sencillas con la misma
especie vegetal pueden ser más efectivas que un montón de
plantas multicolores. Es mejor aprovechar al máximo los
espacios abiertos. No son recomendables los jardines
divididos en secciones típicos de los monasterios, ni los
muy ordenados como los de la época victoriana. Tao Chi ,
quién vivió en tiempos de la dinastía Ming (entre los
siglos XIV y XVII), dijo que para expresar la fuerza vital
del paisaje se deben dejar algunas partes completamente
abiertas y ocultar otras.
