Se enuncia diciendo: "En el Todo,
Todo es mental". Pero no en el sentido de un
subjetivismo kantiano dieciochesco, donde se
sostenga que lo único "real", objetivo, soy yo y que
todo lo que me rodea es sólo producto de mi
percepción y mi mente, seguramente subjetivo y
posiblemente irreal.
No. El mentalismo ocultista
sostiene que todo lo que existe en el Universo es
expresión cada vez más grosera, más material, m ás
densa, de un Primer Principio extremadamente sutil y
elevado, que podemos llamar Dios, Consciencia
Cósmica, Brhama, inmanente en el Cosmos, y que se
manifiesta en la naturaleza en distintos planos de
vibración cada vez m ás densa, ora como psiquis, ora
como espíritu, ora como materia. Vale decir que las
cosas del Cosmos no son de naturaleza distinta entre
sí, sino que esa Esencia Universal adopta en
ocasiones la característica de la energía, en otra
circunstancia la de la materia, en una tercera la
del pensamiento.
Para que esto sea más entendible,
imaginemos un río. Un río que nace en una cascada,
donde el agua fluye rápidamente y es cristalina,
desplazándose luego por la llanura formando
meandros, donde aquélla se torna lenta y turbia para
morir en un pantano, donde el agua está quieta y
oscura. A primer golpe de vista, ustedes pueden
dividir el río en tres partes bien diferenciadas:
aquí el agua es cristalina, más allá turbia,
finalmente negra.
Pero, ¿ustedes podrían decir dónde
termina un tipo de agua y comienza la otra?. No,
porque en un punto cualquiera el agua es más rápida
y transparente que unos metros río abajo, pero
todavía más lenta y turbia que otro tanto río
arriba... y así en progresión infinita.
Es decir, la única diferencia es
de grado, de densidad, pero no de naturaleza, y en
un análisis pormenorizado todos los "sectores" del
río son indistinguibles entre sí.
Lo mismo ocurre en el Cosmos. Todo
es una sola cosa. Y, sugestivamente, la ciencia
moderna viene a demostrar que las antiguas
afirmaciones esotéricas eran ciertas. De Einstein
para aquí, sabemos que materia y energía no son dos
cosas distintas sino esencialmente los mismos
elementos comunes manifestados de distinta forma.
Tengo un pedazo de carbón y sé que es materia. Lo
caliento y emite calor, es decir, energía. El calor
no surge de la nada, ya que se genera a partir de
los elementos constitutivos del carbón.
Un poco de calor inicial (el
fósforo) excita y libera los átomos que
coherentemente estructurados formaban la materia y,
a partir de esa excitación inicial, aquellos,
cumpliendo la ley de entropía, se disipan en forma
de calor. Materia y energía, energía y materia son
sólo dos caras de la misma moneda, son sólo una. Un
trozo de uranio con un peso atómico 238 chocando con
otro de peso 235, genera fisión atómica. Una
explosión. Energía.
Trescientos años atrás, los
científicos creían que el Universo estaba poblado
por distintos tipos de energías y de fuerzas. Que el
calor nada tenía que ver con el magnetismo, ni éste
con la electricidad, ni aquellos con la gravedad.
Pero en el siglo XIX un físico inglés, Maxwell,
descubrió que electricidad y magnetismo no son dos
cosas distintas sino dos aspectos particulares de un
mismo principio que él llamó electromagnetismo. Y
esta reducción y unificación de fuerzas continuó al
punto de que con el advenimiento de este siglo los
físicos sostenían que sólo cuatro eran las fuerzas
que interactuaban en el Cosmos: el
electromagnetismo, la gravedad, la interacción
nuclear débil y la interacción nuclear fuerte (estas
dos últimas responsables de las relaciones atómicas
entre sí). Pero aparece nuevamente Einstein -cuándo
no- y enuncia la Teoría del Campo Unificado, tan
maltratada por los escritores de ciencia ficción y
tan poco comprendida por el público. Einstein
teoriza que gravedad y electromagnetismo no son dos
fuerzas distintas, sino dos manifestaciones
específicas y particulares de un principio vinculado
a la deformación geométrica del espacio, que a veces
se presenta como electromagnetismo y a veces como
gravedad. Es decir, unifica (de allí el término) en
una sola teoría de campo ambas fuerzas, con lo que
las universales quedan reducidas a tres.
Hasta que en 1985 un astrofísico
inglés llamado Paul Davies afirma que aun estas tres
fuerzas son sólo aspectos de una única universal,
que él denomina Superfuerza.
Finalmente, las investigaciones
parapsicológicas contemporáneas han demostrado que
la mente es energía, en el sentido de fuerza. Actúa
sobre la materia física (telekinesis), altera, como
veremos más adelante, la emulsión química de una
película fotográfica en condiciones ideales
experimentales ("psicofotografía" o
"escotofotografía"). Así que por simple carácter
transitivo concluimos que, si todas las energías son
sólo una (incluso el pensamiento), si todas las
fuerzas son sólo una, y si materia y energía son la
misma cosa (recordemos que la materia es energía
organizada y la energía, materia desorganizada)...
¿qué diferencia, qué distancia hay de la sutileza de
la psiquis a la densidad de la materia sino
únicamente diferencias de grado, de condensación?.
Para que esto sea más entendible,
imaginemos una gigantesca olla repleta de polenta
mal preparada. En algunos lugares, está grumosa; en
otros, l í quida. Más all á, tendrá una consistencia
media. A golpe de vista, puede decirse que allá la
materia es grumosa (sólida), aqu í muy l íquida y
acullá intermedia, pero en definitiva todo es
polenta. Así ocurre en el Universo.
En otro sentido, esto expresaban
los antiguos ocultistas cuando enseñaban que el
Cosmos se dividía en siete planos de distinta
densidad, en donde las entidades -como el ser
humano- vibran en algunos de esos planos, y ciertas
energías inteligentes (los "haiöth-hakodesch") en
otros, tan reales y tangibles para sí mismos como
nosotros lo somos para nuestros congéneres. Estos
planos son, de mayor densidad a mayor sutilidad,
"material", "mental inferior", "mental superior",
"astral", "etéreo", "búddhico" y "átmico". Dios
tiene consciencia átmica, y sus manifestaciones se
desprenden "hacia abajo", hacia la materialidad. El
hombre existe en los planos material, mental
inferior, mental superior, astral y etéreo. El
animal, en el material, mental inferior, astral y
etéreo.
Los entes a los que aludiéramos,
en el astral y mental superior, o astral y mental
inferior (las larvas astrales), los hombres y
mujeres elevados, además de los planos mencionados,
en el búddhico, etcétera.
Esta categorización de la
Naturaleza es asimismo afín con el principio
khabbalístico de los sephirot. Un sephira"
("sephirot" es plural), es una de las maneras que
tiene Dios de manifestarse en la naturaleza (una
"emanación") y los diez niveles de manifestación
("Kether" o Espíritu, "Binah" o Sabiduría, "Chokmah"
o Belleza, "Pechod" o Inteligencia, "Chesed" o
Bondad, "Tipheret" o Equilibrio, "Hod" o Justicia,
"Nitzach" o Valor, "Yesod" o Reflexión y "Malkuth" o
Materia) señalan las diez virtudes que debe alcanzar
el hombre si quiere entrar en comunión (común unión)
con Dios, mediante uno de los treinta y dos
"senderos" que comunican estos diez frutos del Árbol
de la Vida, o Árbol de la Sabiduría, como también lo
llamaban los esoteristas hebreos. Dios aparece como
lo Supremo, Omnisciente, Omnipresente y
Omnisapiente, llamado Ain Soph Aur ("La Corona
Áurea") y sus emanaciones van descendiendo hasta
irradiar Malkuth, caracterización de lo material.
Por supuesto, un lector escéptico
-si ha sobrevivido a la lectura de estas líneas
hasta aquí puede argumentar que esta disquisición,
si se quiere filosóficamente aceptable, peca por un
defecto: lo indemostrable de ciertos principios que
aquí damos como ciertos, por ejemplo, la existencia
del llamado "mundo astral". En efecto, ¿qué
evidencia podemos aducir nosotros, los ocultistas,
de que lo "astral" existe?. ¿Que hablar de "cuerpos
astrales" o sucedáneos es más que un gratuito
ejercicio de la imaginación?. Puedo aportar
seguramente referencias de índole vivencial,
místicas o paranormales pero, para un observador
exterior al tema y objetivo, ¿cómo le demostraremos
científicamente -una vez más- la existencia de lo
astral?.
Es más fácil de lo que parece.
En 1988, astrofísicos
norteamericanos descubrieron un fenómeno cósmico
extrañísimo: estudiando la rotación de los cuerpos
de nuestra galaxia (ese conglomerado de estrellas,
espeso en el centro y raleado en la periferia, en
uno de cuyos barrios suburbanos se encuentra nuestro
Sistema Solar y que sabemos rota a gran velocidad en
conjunto alrededor de su centro), observaron que los
sistemas ubicados casi en el centro de aquélla
demoran el mismo tiempo en completar una rotación
que los ubicados cerca de la periferia, es decir,
los que están más alejados. ¿Qué tiene esto de
extraño?. Mucho.
Por ejemplo, si ustedes, en una
palangana llena de agua, arrojan un puñado de
papelitos y luego con un dedo comienzan a hacer
girar a gran velocidad el agua, van a observar que
los papelitos próximos al centro se desplazan más
rápidamente que los más alejados, pues al ser
independientes unos de otros, sus velocidades varían
por el mayor o menor tiempo que emplean para
recorrer su trayecto circular. Es el caso de los
planetas de nuestro sistema solar, donde la Tierra,
por ejemplo, tarda un año en completar una órbita
alrededor del Sol, mientras que Plutón, el más
alejado, demora 288 años de los nuestros. Para que
la periferia de un círculo o disco -que eso es la
Galaxia- rote a la misma velocidad que su centro, se
necesitaría que todo el conjunto fuese sólido; es lo
que pasa con un disco compacto en un centro musical,
donde el borde gira a la misma velocidad que el
centro pues es una masa homogénea, compacta. El
fenómeno deducido por los astrofísicos requeriría
que todos los cuerpos de la galaxia se encontraran
"pegados" entre sí por algún tipo de lazo material
para que la velocidad de rotación los acelere a
algunos y la inercia retrase a otros. Pero los
instrumentos científicos no detectan ningún tipo de
materia, que necesariamente debe existir como
aglutinante. Entonces, los astrónomos han creado la
expresión "materia oscura" para definirla (pues es
"oscura", es decir, invisible a nuestros más
sensibles aparatos) y referirse así a ese pegamento
cósmico. Y yo pregunto: ¿qué diferencia hay,
conceptualmente, entre esta "materia oscura", una
clase de materia que no es materia, que no se
comporta como la misma, que forzosamente debe
existir aunque no la detectemos, y la "materia
astral" (excepto el cambio de nombres), si lo
"astral" es, precisamente, una forma de la materia
distinta a las cuatro que conocemos (sólido,
líquido, gaseoso y plasma) e indetectable
físicamente pero que ejerce sus efectos sensibles
sobre el mundo material que vemos y sentimos?.
Correlación con la Autodefensa
Psíquica: Si en el Todo existe una única sustancia
manifestada en infinidad de formas, nuestro
pensamiento, a la hora de ser dirigido hacia un
objetivo, no tendrá que "saltar" entre naturalezas
distintas sino bogar como un navegante lo haría en
un único río con distintas densidades de agua. Si
todo es en el Todo una sola cosa, no hay diferencia
sustancial entre que alguien "piense" con odio sobre
mí y su acción refleja en mi naturaleza.