Desde el comienzo debemos distinguir entre símbolo y alegoría. El
símbolo representa una energía,
una idea–fuerza, que él plasma,
formal o sustancialmente. La
alegoría no se corresponde con esa
energía. El símbolo se refiere
siempre a sí mismo, a lo que él es
por su propia naturaleza. La
alegoría, soslayando el tema, y de
continuo equívoca, a lo que las
cosas pueden, o podrían ser, en un
mundo de supuestos. Siempre a algo
distinto de lo que en realidad es,
cualquier cosa que esto fuere, o
de cualquier manera que se
manifestare.
S
Sacerdotisa. La diosa blanca, y
la negra, representan dos aspectos
polarizados de una misma entidad.
Isis con velo o Isis develada son
la misma sabia entidad sacerdotal
que ampara a todas las mujeres y
que ellas reproducen en sus hijos.
La tierra oculta, es decir la
diosa negra, o la de color blanco,
manifestada, son aspectos de una
sabiduría tradicional que toma a
lo femenino como depositario del
misterio, o de los secretos del
arte generativo. La sacerdotisa
esconde todas sus manifestaciones
exteriores para de ese modo callar
el secreto de la fecundación
universal. El arcano número II es
un agente secreto del Sí Mismo.
Sol. Astro rey, luminaria de la
vida, que se produce mediante las
dos energías que emana: luz y
calor. Sin el sol, la vida
orgánica no sería, y esto lo han
sabido de manera unánime todos los
pueblos que han sido y son en el
mundo. Símbolo del poder y de la
realeza, en alquimia se le asocia
al Oro, en hermetismo al fuego, y
en todos los casos a la fuente
existencial. El Sol ha sido
siempre una realidad evidente que
jamás podrá perder actualidad pese
a la estupidez de los
contemporáneos. Si no existiera el
sol, habría que inventarlo, lo
cual sucede en muchos mitos
tradicionales de distintos
pueblos. Siendo la imagen visible
de lo trascendente, la tradición
hermética lo toma como centro de
su cosmogonía, indicando una y
otra vez la necesidad de
trasponerlo.
Sombrero. Es signo de energías
superiores, aquellas que se ubican
simbólicamente sobre la cabeza, y
en este sentido se relaciona con
la corona y los cuernos (ver).
Como sirve para resguardar del
sol, el aire y el agua, es símbolo
de protección. En las láminas I y
XI, El Mago y La Fuerza,
observamos un sombrero similar,
con la forma de un 8 apaisado,
símbolo del movimiento continuo.
Este sombrero aparece también en
varias figuras de la Corte.
T
Tiara. De manera análoga a la
corona (ver), la tiara manifiesta
poder, fuerza y autoridad. Existe
sin embargo una diferencia:
mientras la tiara es la expresión
de la autoridad espiritual y
energía mágica (en el caso de
Merlín, por ejemplo) la corona
expresa el poder temporal y las
actitudes militares que se le
corresponden. Las tiaras en el
Tarot, que respectivamente se ven
en las láminas II y V, están
jerarquizadas en tres niveles,
equivalentes a distintos planos de
conocimiento en correlación
estrecha con la estructura del
Athanor (ver) alquímico, el
diagrama del Arbol de la Vida y la
distinción entre lo corpóreo, lo
psíquico (inferior y superior) y
lo espiritual.
Tonsura. Visible en los alumnos
que reciben la enseñanza de El
Papa (carta V) o hierofante, la
tonsura es símbolo de las energías
superiores que conectan al hombre,
por la sumidad, con los mundos de
arriba. Se relaciona con la
"coronilla" o remolino del cabello
y también, en el kundalinî yoga,
con el chakra más alto, sahasrâra,
que asimismo es llamado
"coronario" (ver corona). Ese
punto une al hombre con lo
invisible y lo conecta con el
cielo, o sea con otros estados del
ser universal.
Toro. Aparece exclusivamente en
la lámina XXI como la signatura
zodiacal de Taurus, aunque el
simbolismo de este animal se
encuentra muy difundido también
bajo la forma sagrada de vaca,
buey o bisonte. Corresponde al
elemento tierra.
Torre. Resulta paradójico que
la figura asignada con el número
XVI sea llamada en algunos Tarot
La Casa de Dios, e igualmente La
Torre de Destrucción. Sin duda, la
torre es vertical y por lo tanto
se la puede asociar junto con la
pirámide, el zigurat, la escalera
y el obelisco, con la verticalidad
del eje del mundo. También la
torre es símbolo de soberbia, tal
cual se lo suele admitir en la
figura bíblica de la Torre de
Babel. Es, pues, un símbolo
ambivalente de poderío
constructivo y a la vez de vanidad
humana. También en la lámina XVIII,
La Luna, se ven unas torres o
castillos en lontananza, tal vez
como indicando los castillos o
moradas interiores de los que nos
habló Santa Teresa de Jesús.
Tragedia-comedia. Dos
manifestaciones opuestas –como la
de la guerra y la de la paz– de
una misma energía que se
representa en la caja teatral del
mundo como dos contrarios que, en
un punto común, se complementan;
la risa y el llanto, el placer y
el dolor, lo cual es perfectamente
perceptible mediante
manifestaciones, hechos y
fenómenos en cualquier ser
individual. Esta dualidad es
visible en las charreteras del
personaje de la lámina VII, y del
Rey de Espadas. En el Caballero de
Espadas es visible una sola
charretera, en actitud neutra,
como uniendo contrarios.
Trompeta. El aire propala los
sonidos entendidos como mensajes y
músicas celestes. De entre todos
los instrumentos musicales, son
los de viento los que más se
asocian a llamados o anuncios, tal
vez por estar más directamente
emparentados con la voz humana. El
ángel del juicio final (arcano XX)
hace sonar su trompeta; mediante
su vibración todo lo muerto
renace, resucita. Esta carta
también debe relacionarse con el
libro de Juan, llamado de la
Revelación.
Trono. El trono es un lugar
especial, propio y significativo,
en el espacio uniforme, más o
menos caótico y generalizado. En
algunas tradiciones como la hindú,
la alfombra caracteriza este
espacio. En la tradición maya este
lugar especial era significado por
la estera, en donde se sentaban
jefes, caciques y chamanes. El
trono es el lugar donde se asienta
tanto el poder espiritual como el
real. Difícil imaginar la
importancia de un simple sillón,
alfombra o estera, si no
estuviesen sacralizados y tuviesen
un significado cosmogónico y
espiritual. En la abadía de
Westminster, en Inglaterra, puede
observarse el trono donde los
reyes aún son coronados: se trata,
aparentemente, de una simple
piedra, pero de características
mágico-teúrgicas, es decir,
santificada y cargada de poder, a
la que se le ha añadido encima una
simple silla de madera.
Tumba. La tumba es el lugar de
la quietud y del reposo de los
desequilibrios psíquicos y
físicos; es también un símbolo de
resurrección donde dejado el
equipo psicosomático el ser puede
reintegrarse nuevamente a sus
orígenes. En la muerte iniciática
la tumba es a veces reemplazada
por la caverna, el subterráneo, la
cripta, o un lugar retirado en la
floresta o la selva. Todo el mundo
llega solitario a su tumba, tal
cual ha venido a la existencia.
Quienes creen en una resurrección
definitiva, consideran que en el
tiempo mítico del juicio final
habrá seres que serán redimidos
conjuntamente con la posibilidad
de un nuevo mundo. La tumba nos
lleva a la idea de fin de ciclo,
presente también en las láminas
XIII, XVI y XXI.
V
Varita. Esta versión civilizada
del basto primitivo es un
instrumento mágico por excelencia,
y como él manifiesta al elemento
radiante o fuego, también
equiparado con la pasión o amor
(recuérdese que Eros es ciego),
necesario para cualquier
producción.
Vegetación. La vegetación
manifiesta claramente las
potencialidades de la energía
cósmica, que fructifica en nuestro
medio (el del hombre)
posibilitando así la vida sobre la
tierra y todo lo que significa
nuestro planeta y sus habitantes
con respecto al orden universal.
De las plantas reciben su alimento
los animales y el género humano, y
su permanente verdor sustenta las
posibilidades de la generación y
los ciclos en que ésta se
manifiesta.
Vejez. Las sociedades
tradicionales, o arcaicas, han
reconocido en la longevidad y en
la experiencia que trae aparejada,
una virtud sapiencial que comienza
con el hecho de haber podido
conservar la vida durante tanto
tiempo en medio de guerras,
desastres y enfermedades, sin
contar los disgustos y las
injusticias. Existe pues, para los
antiguos, una suerte de sabiduría
biológica que, acaso, consiste en
vivir la cinta del tiempo en el
siempre presente. Esta
actualización es una prerrogativa
de la sabiduría que hace que las
cosas sean para nosotros lo que
son, en lugar de querer lo que
desearíamos que fuesen. Es por lo
tanto en la economía armónica del
ser donde estas realidades tienen
cabida.
Velo. Elemento de ocultamiento
y de revelación, el velo establece
una distinción entre el exterior y
lo interior. Igualmente por su
intermedio se comunican estas
energías siendo neutralizadas por
su división tajante. El velo es el
resguardo del secreto y también el
tamiz por el que atraviesan las
experiencias que nos transmiten
los sentidos. Lo oculto se halla
escondido tras un velo y conocerlo
es análogo a develarlo. Se ve en
las láminas II y XXI. En la
primera, la Sabiduría es secreta,
o cifrada, como en un libro
hermético; en la segunda el propio
Mundo está cubierto de un tenue
velo para todos aquellos que no
quieren o pueden admirar su
belleza, plenitud y magnificencia.
