Disertante y escritor prolífico, ha escrito extensamente sobre espiritualidad y el poder de la mente en la curación médica. Está influenciado por las enseñanzas de escrituras tradicionales indias como el Ayurveda, corriente tradicional de la medicina india, los Vedanta y el Bhagavad Gita, pero también por la física cuántica. Es uno de los seguidores de J. Krishnamurti.
Generaciones van y vienen, ideologías nacen, degeneran y se derrumban, pero el extraño animal que domina este planeta se hace siempre las mismas dolorosas preguntas: ¿Desapareceré del todo al morir? ¿Tiene algún sentido el Universo? ¿Para qué todo esto?
Cada época da sus propias respuestas: según los antiguos el asunto se reducía a dioses y demonios, mientras para la Europa medieval todo estaba escrito en un gran manuscrito iluminado que sólo Dios podía leer. En la sociedad occidental de principios del siglo XXI, individualista y hedonista, las respuestas parecen hallarse en lo que muchos han llamado el “supermercado de las creencias”. Y sus pasillos rebosan cada vez más de mercancía lista para llevar.
Deepak Chopra es quizá el más destacado adalid de este emporio de la fe “posmoderna”, pues su mensaje está dirigido, sobre todo, a los clientes más opulentos. Pero de ningún modo es el único, y con seguridad no será el último.
Medicina Ayurveda
Deepak Chopra nació en la India en 1947, y se graduó de
médico en 1968. Poco después emigró a los Estados Unidos,
donde realizó una exitosa carrera que lo llevó a ocupar un
cargo directivo en el New England Memorial Hospital.
Sin embargo, según narra su biografía oficial, se sentía
incómodo con su posición. En 1981 conoció al “prominente
médico ayurveda” Brihaspati Dev Triguna, lo que constituyó una
“experiencia pivotal” en su vida. Posteriormente se incorporó
al movimiento religioso de la Meditación Trascendental,
liderado por el Maharishi Mahesh Yogi, famoso desde los años
‘60 gracias a los Beatles.
Así, Chopra incursionó en la “medicina ayurveda”,
presuntamente una disciplina milenaria hindú revivida por el
Maharishi gracias a su interpretación de antiguos textos
sánscritos. Esta medicina habría otorgado a la antigua
civilización védica “una perfecta salud”.
El único detalle es que la “medicina ayurveda” no es tan
vieja, pues se trata de una marca registrada por el propio
Maharishi, quien la creó a mediados de los años ’80; la
mayoría de sus “terapias” no figura en ningún texto antiguo.
Esta “medicina” afirma que las funciones vitales están
determinadas por tres principios metafísicos o doshas: vata,
pitta y kapha, que funcionarían de forma parecida a los signos
astrológicos, determinando las características de cada
individuo; los doshas pueden ser conocidos tomándole el pulso
a la persona, o haciéndole responder a un cuestionario. Sin
embargo, el dosha puede cambiar de hora a hora (y de
cuestionario a cuestionario). Los doshas deben ser
“pacificados”, para lo cual se indican diversos
“tratamientos”.
Pero lo más importante es tener “pensamientos positivos”.
Según Chopra, cada pensamiento genera una molécula en el
cuerpo; así, los pensamientos positivos generan moléculas
positivas. Si se siguen las indicaciones de la “medicina
ayurveda” no sólo se logrará una perfecta salud y detener el
envejecimiento, sino que el crimen, las guerras y aun los
accidentes serán cosa del pasado. Sus practicantes incluso
aseguran poder levitar y atravesar las paredes.
Algunas de las indicaciones de Chopra son bastante
llamativas, como su remedio para prevenir y curar las
cataratas: cepillarse los dientes y la lengua, escupir en un
vaso, y lavarse los ojos con este líquido durante varios
minutos.
En 1991 Chopra, junto con Hari Sharma y Dev Triguna, logró
publicar un artículo sobre “medicina ayurveda” en la
prestigiosa Journal of the American Medical Asociation (JAMA).
Entre otras cosas, insistía en que tomar el pulso era
suficiente para diagnosticar numerosas dolencias graves (en
otros momentos, Chopra ha afirmado que los antibióticos y
demás drogas modernas “no funcionan”).
Ante las cartas de protesta de numerosos médicos, la
revista se retractó en su siguiente número. Una investigación
comprobó que la evidencia suministrada era dudosa (Chopra
siempre se ha negado a la realización de experimentos “doble
ciego”, base fundamental de la ciencia, pues afirma que los
estudios científicos son innecesarios). Además, los autores
habían violado los estatutos de la publicación al ocultar sus
intereses económicos en las ideas que promovían. La polémica
duró largo tiempo.
Seis años después, Chopra fue demandado por el profesor
Robert Sapolsky de la Universidad de Stanford, quien demostró
que en el libro Ageless Body, Timeless Mind (“Cuerpo sin edad,
mente sin tiempo”) se habían plagiado varias partes de su obra
Behavioral Endocrinology. Posteriormente se llegó a un acuerdo
fuera de tribunales, a favor de Sapolsky.
Mística Cuántica
Desde hace algunos años, un extraño fenómeno puede
observarse en muchas librerías a lo largo y ancho del mundo:
gente sin formación científica, con frecuencia de edad
avanzada y amas de casa, solicitan libros sobre física
cuántica.
Son personas que buscan satisfacción a un deseo espiritual:
una señal concreta de que somos eternos y enormemente
poderosos. Chopra, Fritjof Capra y otros gurúes de la Nueva
Era han encontrado en la física cuántica una inesperada
palanca con la cual “responder” a estas inquietudes. ¿Cómo es
esto posible?
La cuántica, una de las ramas de vanguardia en la física
teórica, tiene entre sus cimientos el principio de
incertidumbre, enunciado por Werner Heisenberg. Según este, no
se pueden medir a la vez todos los parámetros de una partícula
subatómica (la carga, masa y spin de un electrón, por
ejemplo), ya que la propia observación modificará al menos uno
de ellos. De este modo, el Universo a escala subatómica sería
fundamentalmente incognoscible e impredecible.
Los místicos de la “Nueva Era” agregan que el
comportamiento de las partículas está sujeto a la conciencia
humana: con el sólo hecho de desearlo, se puede modificar este
comportamiento. ¡Eureka! El Cosmos tiene sentido, y este
depende de nosotros. En otras palabras hemos vuelto al centro
de la Creación, de donde nos sacaron Copérnico y Galileo. Este
“albedrío subatómico” sería el fundamento de los así llamados
poderes síquicos, y la llave para explicar supuestos fenómenos
paranormales como los fantasmas, la telequinesia, la telepatía
o la precognición (cuya existencia nunca ha podido ser
demostrada, a pesar de más de un siglo de investigaciones).
Pero recuperemos la sobriedad. Aunque el principio de
incertidumbre está presente en el universo subatómico, cuando
pasamos a la escala macroscópica el comportamiento de la
materia se puede predecir con mucha precisión; de lo
contrario, la ciencia y la tecnología serían imposibles. A
pesar de ello, Chopra y los demás promotores de la mística
cuántica afirman que la conciencia humana permea y controla el
Universo entero, y que esto apoya sus afirmaciones de que el
“pensamiento positivo” es capaz de crear y suprimir
enfermedades.
Un imperio muy de este mundo
Deepak Chopra ha adaptado la “medicina ayurveda” y la
mística cuántica a la mercadotecnia contemporánea con un éxito
resonante. Las terapias se basan en productos herbarios, que
según sus etiquetas tienen “vibraciones” específicas que
contrarrestan la vibración cuántica del cuerpo. Algunas
presumen de estimular la glándula pineal, cuyos beneficios
“aún son desconocidos para Occidente”.
A través de catálogos, páginas web y varios centros de su
movimiento se venden cristales “terapéuticos” –a precios que
pueden llegar a miles de dólares–, CDs de “música védica”,
videos, té, aceites y por, supuesto, seminarios. Entre sus
numerosos libros el más emblemático es el ya citado Ageless
Body, Timeless Mind, que es también la marca de muchos de sus
productos. Chopra posee su peopia editorial, Quantum
Publications.
Además, desde 1993 es director ejecutivo del “Instituto
Sharp para el Potencial Humano y la Medicina Cuerpo-Mente” en
San Diego, California, así como de un centro de tratamiento
donde los “programas de purificación”, que duran una semana,
tienen un costo de hasta 3.200 dólares. Sin embargo, desde
hace algún tiempo dejó de ejercer la medicina, cuando se
reveló que carecía de licencia para hacerlo en el estado de
California.
En el “Centro de Salud Maharishi Ayurveda Para el Manejo
del Estrés” en Lancaster, Massachusetts, otra institución de
Chopra, los pacientes con enfermedades graves pagan con
frecuencia cientos o miles de dólares por consultas
astrológicas, y se les recetan yagyas, ceremonias religiosas
destinadas a solicitar ayuda a las deidades hindúes. Estas
ceremonias también requieren fuertes desembolsos, pero los
pacientes no pueden presenciar su realización.
En 1994, la revista Forbes se refirió a Deepak Chopra como
“el último, hasta ahora, de una serie de gurús que han
prosperado combinando ciencia pop, psicología pop e hinduismo
pop”. Aparentemente, tal definición continúa siendo válida.