La danzaterapia nace de la danza en su forma más simple:
de los movimientos naturales y espontáneos del ser humano.
Es una técnica corporal que interrelaciona arte (danza) y
ciencia (psicología) para la atención de problemas de salud
y de aprendizaje en un proceso de integración psicofísica.
La expresión de la interioridad de las personas a través
de la danza – movimiento permite el surgimiento y el
posterior desarrollo de la creatividad, la expresión y la
sensibilidad favoreciendo la aceptación de uno mismo y de
los demás. A través del trabajo individual y/o grupal se
potencia la construcción de un yo corporal más seguro.
El término Danza es sumamente amplio, ya que incluye
multiplicidad de actividades que van desde ciertas prácticas
naturales o instintivas de algunos animales hasta las más
elaborados creaciones artísticas.
En su constante necesidad de comunicación, se describen
cuatro vías o caminos recorridos por la danza en su continua
evolución:
Las cuatro vías de la danza, aunque con características
propias y con preponderancia en diferentes épocas, no son
sin embargo excluyentes entre sí: la vía terapéutica retoma
aspectos de todas las anteriores.
Danzaterapia ¿Qué implica esta denominación?
Dos discursos. El de la danza y el clínico, y un sujeto
al que le es dirigida una práctica. Danzaterapia implica una
adscripción al campo de la salud.
La concepción del hombre va cambiando, incorporando
elementos de diferentes ciencias y avanzando hacia una
visión cada vez más compleja y especializada.
¿Cuál es el motivo por el cual el arte, en este caso el
arte de la danza, ha entrado en el campo de la salud? Entre
todas las expresiones del hombre, el arte siempre tuvo un
lugar audaz y transgresor; el arte mira al sujeto con los
ojos del interior en relación con el mundo externo; con la
mirada del impulso creador en un acontecer más allá de lo
racional. Será por este motivo que, frente a lo
desconcertante y hasta inexplicable de las emociones y
reacciones humanas, surgen desde mediados del siglo XX
terapéuticas que partiendo de lo intrínsicamente “expresivo”
del arte buscan aproximarse a la comprensión del sujeto que
padece.
La danzaterapia da la posibilidad de transgredir
operativamente conceptos establecidos por la sociedad; es la
posibilidad de sentir alegría, confianza y seguridad.
Permite la posibilidad de transformar lo dado, de crear una
respuesta a situaciones nuevas, y de crear una nueva
respuesta a situaciones viejas. La técnica promueve la
actitud activa de los pacientes, transformándolos en
protagonistas de su propia curación brindando herramientas
para continuar y planificar sus vidas. No hay limitaciones
de edad, sexo, condición social, grado de disponibilidad del
movimiento o nivel de desarrollo intelectual para las
distintas personas que incursionan en este proceso.
El Danzaterapeuta
El camino del danzaterapeuta es el aprendizaje de un
conjunto de técnicas y conocimientos teóricos así como el
desarrollo de su intuición, paciencia, tenacidad y capacidad
de emplear y recrear los diferentes estímulos aprendidos.
El objeto de su trabajo preventivo o de curación no es
nada más ni nada menos que un sujeto, por eso el
danzaterapeuta, en su hacer profesional, debe tener
conciencia de sus actos, sabrá si es eficaz su intervención
sólo si reconoce sus móviles, porqué se produce lo que se
produce al dar una consigna. Esto último no es una cuestión
azarosa: es el atravesamiento teórico y vivencial de todo
danzaterapeuta que desee conducir y sostener un tratamiento.
Los danzaterapeutas ejercen su profesión en diversos
ámbitos: pedagógicos, recreativos, de rehabilitación y
clínicos. Parten del concepto de salud como la posibilidad
de aprender. Salud es lo no estereotipado, es la posibilidad
de estructurar nuevas formas de expresión y de operación.
Su función es abrir canales de comunicación para
facilitar el interjuego de la persona a través de la danza,
la música, el silencio, el juego, la escritura, el dibujo,
la palabra, el humor y los objetos intermediarios.
Ser danzaterapeuta requiere poner el cuerpo, el afecto,
la mirada reflexiva, el permiso a la fantasía, la capacidad
de juego, la posibilidad de adaptar su propio tiempo al
tiempo de cada grupo.
Sus herramientas técnicas le permitirán delinear su rol
para:
- Organizar el trabajo corporal del otro a través de
diferentes estímulos creativos.
- Generar confianza en el grupo.
- Escuchar suspendiendo juicios y prejuicios.
- Escuchar abriendo espacios que posibiliten la
emergencia de lo nuevo.
- Trabajar sobre los emergentes individuales y grupales.
Aplicaciones de la danzaterapia
De una u otra forma la danzaterapia es para todos.
Mencionaremos algunas de ellas:
- A través de la motivación expresiva del movimiento,
los niños entran en contacto con diferentes nociones
espaciales y temporales. En el trabajo con niños, la
espontaneidad permite que los afectos y necesidades se
manifiesten permanentemente, y, como adultos, nos
sorprendemos reflejados en ellos: la necesidad de
atención, aprobación, respeto, aceptación, apoyo,
estímulo, el ser tenido en cuenta, el ser querido.
- En el caso de pequeños aislados o tímidos, que sufran
algún tipo de rechazo del grupo, la experiencia con el
cuerpo mediante el ritmo les permite movilizar la vía de
comunicación en su interior. ¿Por qué me muevo y para qué?
se convierte en la clave.
- El no oir (sordera e hipoacusia) no significa no poder
pensar o no poder sentir. Para un oyente, el silencio no
es profundo ni permanente, para aquel afectado por la
sordera es un pozo sin colores, un hueco profundo porque
no existe la memoria auditiva, el silencio es lo
cotidiano. El método descubre el lenguaje encerrado en el
cuerpo para que pueda danzar con las palabras, formas,
colores y ritmo mediante su expresión.
- En el caso de niños o adultos ciegos la danzaterapia
intenta despertar la dormida expresividad y ser un puente
para el encuentro con su propio cuerpo, sin esa rigidez
física a la que se acostumbran.
- Discapacidad mental: el danzaterapeuta trabaja sobre
la persona que se mueve, no sobre el síndrome o
enfermedad; lo que no significa que desconozca las
características de cada patología. Se trata de mirar,
proponer, intervenir, escuchar, leer, más allá de la cosa
en sí, del ser paralítico cerebral o síndrome de Down o
cualquier otra cosa, para que en la escena clínica se
ponga en juego el decir y el actuar de una persona y no el
de un síndrome. Entra en juego el deseo y el placer de la
persona por el movimiento.
- Discapacidad física: el lenguaje del cuerpo es muy
antiguo, es primitivo, primario y algo tan natural como
bailar para estar juntos e integrarse nos fue quitado por
la idea de la especialización. Todos los cuerpos tienen un
lenguaje, y esto no tiene nada que ver con cómo sea ese
cuerpo. El danzaterapeuta se interroga acerca de la
historia singular de ese cuerpo, de su sufrimiento
corporal, de su esquema corporal y de su imagen corporal
intentando en la operación clínica rescatar al sujeto que
en el movimiento – danza se pone en escena.
- En nuestra cultura, cimentada sobre la palabra, no
pensamos que en determinadas circunstancias resulta
difícil y en ocasiones imposibles comunicarse a través de
ellas. Este es el caso de la mayoría de los pacientes
mentales (psiquiátricos) en ocasiones tan severamente
alterados que pueden haber perdido todo contacto con el
mundo que los rodea (psicosis).
- Neurosis: sin tener que llegar a casos extremos,
sabemos que es éste también el caso de cualquiera que
padezca una alteración emocional ya sea un estado profundo
de preocupación o melancolía o depresión, encuentra
difícil sostener una conversación más allá de unos pocos
minutos. Es aquí donde el movimiento puede permitir el
desahogo y la comunicación necesarias porque los músculos
son los que contienen a las emociones.
- Trastornos de la alimentación: los pacientes con algún
trastorno de la alimentación (anorexia, bulimia,obesidad)
padecen distorsión de su imagen corporal, baja autoestima
y pobre concepto de sí mismos, suscitándose a menudo
problemas de relaciones interpersonales, y, tienen
dificultad para identificar sentimientos. A través de la
danzaterapia estos pacientes son animados a reconocer la
tensión en sus cuerpos como un signo de sentimiento. Este
reconocimiento permite controles y elecciones más
saludables para reemplazar así las comilonas
autodestructivas y los ciclos de purga. Sus sentimientos
pueden ser expresados simbólicamente en movimiento.