Desde épocas antiguas se han atribuido propiedades terapéuticas a
ciertas clases de tierra, que en unos casos no siempre
fueron debidamente comprobadas, pero que en otros resultaron
ser de una eficacia insospechada.
La geoterapia, o el uso de tierras como remedio
terapéutico, ha sido practicada de las más diversas formas:
desde la aplicación de pasta de arcilla sobre la piel
(tratamiento utilizado actualmente cada vez con mayor
frecuencia) hasta la ingesta de diversas clases de tierras.
Esta última técnica tiene una eficacia relativa, puesto que
existen suelos contaminados de manera natural, por lo que
puede ser peligroso ingerir tierras de origen desconocido o
poco contrastado. De todos modos, no hay que olvidar que
muchos niños pequeños que tienen la costumbre de ingerir
tierra (hábito conocido como "pica") sufran de intoxicación
por metal de plomo o padezcan una anemia de difícil
tratamiento.
Propiedades curativas de la arcilla
La arcilla es él material más utilizado en geoterapia,
gracias a sus efectos absorbentes y reguladores de la
temperatura, a las que se unen sus propiedades antiácidas y
cicatrizantes.
Su capacidad absorbente se pone de manifiesto porque es
capaz de tomar sustancias tóxicas de la piel o de las
heridas y absorberlas, facilitando la cicatrización y la
eliminación de las sustancias tóxicas de la piel. Una de sus
aplicaciones es el tratamiento del acné juvenil.
Cataplasmas de arcilla
La arcilla también posee una gran capacidad para conducir
el calor, lo que la hace útil en cataplasmas que se colocan
sobre la parte afectada. Las cataplasmas de arcilla pueden
ser frías o calientes, según la necesidad del paciente: si
la afección hace que la piel esté caliente y congestionada,
el apósito de arcilla será frío; sin embargo cuando se trata
de aportar calor a un órgano poco tonificado, lo mejor será
aplicar un apósito caliente.
Las cataplasmas de arcilla no son sino una mezcla de
arcilla y agua en forma de masa pastosa, que debe colocarse
sobre la piel formando una capa fina. Su aplicación sobre
una superficie de la piel caliente (un absceso, un
traumatismo, etc.) provoca que el agua de la masa se
evapore, y en este proceso de evaporación se consume el
calor del cuerpo, quedando la piel fresca y relajada. Por
sus virtudes refrescantes, el enfriamiento de la zona afecta
al secarse la pasta de arcilla alivia el dolor de los
esguinces (esguince) y torceduras.
Tan pronto como se seque la capa de arcilla que ha sido
aplicada sobre una piel caliente, debe cambiarse por otra
nueva par que el efecto beneficioso continúe.
Esta propiedad fue utilizada en la antigüedad para
determinar el lugar más apropiado, por donde el médico debía
cortar la piel al tratar de desbridar un absceso: la fina
capa de arcilla se secaba antes por la parte de la piel que
esta más caliente y ello indicaba el lugar más activo de la
infección y, por tanto, la zona por donde debía cortar y
abrir el absceso.
Los baños de arcilla
Muchos balnearios recomiendan actualmente los baños de
arcilla. Utilizan una arcilla muy fina, diluida en mucha
agua, de forma que no queda como una pasta espesa, sino como
una mezcla semilíquida e la que es posible sumergir todo el
cuerpo, dejando la cabeza afuera; muchas veces no es
necesario sumergir todo el cuerpo, sino sólo la parte
afectada por la enfermedad (artritis, reuma, enfermedades de
la piel, dolor después de una fractura o un esguince, etc.).
Los baños de arcilla están indicados en muchas dolencias,
pero lo son especialmente en las que afectan a las
articulaciones, como es el caso de la artritis reumatoide,
el reuma, la gota, etc. También se usan para tratar
abscesos, forúnculos, llagas y úlceras.