En el cuerpo se reconocen varias zonas en las cuales nos es posible
detectar el reflejo de un órgano o una función. El sistema
nervioso es el que permite la aparición de múltiples
reacciones reflejas en nuestro cuerpo. Existe una reacción
global del organismo ante determinados estímulos externos
o internos a través del sistema nervioso central. Las
relaciones entre la superficie y el interior del organismo
se producen en ambas direcciones, es decir, tanto a través
de “reflejos víscero-cutáneos como cutiviscerales”.
El pie presenta zonas reflejas que reciben inervación
de todos los órganos del cuerpo. Se trata de una
“microproyección del todo”, o también “microsistema”.
Cuando el órgano está afectado, estas zonas se tornan
dolorosas a la presión. En dicha neuralgia no se reconoce
una patología concreta, sino una disfunción orgánica que
puede ser leve y transitoria o crónica y grave. Estas
zonas permiten realizar tanto el diagnóstico como el
tratamiento de diversas afecciones.
En el contexto de las zonas reflejas de los pies, la
palabra “reflejo” se utiliza en dos sentidos:
- Como la expresión del organismo entero (cabeza,
cuello y tronco) en una pequeña pantalla (los pies).
- En particular, en secciones características de los
pies que tienen una relación energética directa con los
órganos internos.
La manipulación terapéutica de las zonas reflejas del
pie activa los sistemas de autorregulación propios del
organismo, estimulando su capacidad natural de
autocuración. El masaje en el pie tiene cualidades
reflejas, de drenaje, activación circulatoria y
tonificación del organismo en general.
Las corrientes o canales energéticos que recorren
nuestro organismo, llamados “meridianos”, cambian su
dirección o polaridad en las manos y en los pies. Esto
permite que desde el pie también pueda regularse el flujo
de la energía, ayudando al reequilibrio energético.
Los pies son una de las partes más sensibles del
organismo. Esto se explica porque en la corteza cerebral,
la extensión del área sensitiva que corresponde a los pies
es mucho más amplia, comparando con otras áreas que tienen
una superficie corporal mayor y poseen un área cerebral
menor. Esto es porque en los pies, manos y boca tenemos
más receptores sensoriales que en otras zonas del cuerpo.
Tratamiento: Un tratamiento inicial es de 10 sesiones.
Se recomienda comenzar con 4 sesiones básicas con una
frecuencia de 2 o 3 veces por semana. Para tratamientos de
mantenimiento de la salud y prevención de desequilibrios,
la frecuencia puede ser 1 vez por semana o cada 15 días, 1
vez al mes, etc. En los casos de enfermedades crónicas es
posible que se necesiten más que las 10 sesiones
iniciales.
Si las personas se tratan simultáneamente con auto
masaje, los tratamientos son más efectivos.